Productores andinos enfrentan destrucción vial y pérdidas por lluvias
Más de 10 mil productores andinos toman desvíos alternos y transbordos

El colapso de vías hacia Mérida, Barinas y Trujillo por las recientes lluvias afecta a más de 10 mil productores de la región andina, quienes realizan todo el esfuerzo para no perder la totalidad de sus cosechas de hortalizas, siendo los principales proveedores del país. Señalan que el retraso en la distribución es una constante, debido a que se viaja por vías alternas que están deterioradas y en muchos casos se transborda los productos de un camión a otro.
Las fuertes precipitaciones desde el pasado 24 de junio han ocasionado deslaves consecutivos, socavamiento de carreteras y pérdida de puentes, que llevaron a los productores andinos a activarse en un plan de contingencia para salvar algo de sus cosechas, bien sea en hombros, sobre bestias o en motos hasta dejarlos en una unidad que las distribuye a mercados mayoristas o municipales en todo el territorio nacional.
Celso Fantinel, presidente de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), confirmó -finalizando el mes de junio- que 70% de las hortalizas provienen principalmente de Mérida, Táchira y Trujillo.
Mientras, José Luis Guillén, director de Hortalizas de este gremio, indica que es difícil cuantificar la cantidad de hectáreas perdidas, porque en algunas zonas aún persisten las precipitaciones. «A pesar de todas las dificultades, toca tomar otros caminos. Ya tenemos experiencias similares y hacemos el esfuerzo que sea para sacar la cosecha», precisa de los rubros principales como papa, tomate, zanahoria, y cebolla, así como lechuga, cilantro, cebollín y ajo porro, de los municipios Pueblo llano, Cardenal Quintero, Rangel y Miranda de Mérida.
Son sacrificios que en estos días han sido rutina, con el riesgo de tardar más tiempo y se pueda comprometer la conservación de las hortalizas o por accidente en vías que perdieron o nunca han tenido el asfalto, y están resbaladizas por el barro. Son experiencias que viven los agricultores de sectores de Pueblo Llano, por el desplome de parte del puente en la autopista José Antonio Páez, muchos se han visto en la necesidad de subir hacia la parroquia Tuñame del municipio Urdaneta de Trujillo y así llegar a Boconó, para continuar el recorrido.
Las carreteras han sido escenarios de desastres y representan más sacrificios a los productores
Son desvíos a los que están expuestos la mayoría de los más de 55 rubros hortícolas de los andes, explica Andrés Ramírez, presidente de la Asociación de Productores de Timotes (Asoprotim) que reúnen a un estimado de 3.800 agricultores, generalmente dedicados a la siembra de espárragos, ajo porro, cebolla, cebollín, repollo, las nueve variedades de lechuga, entre otros.
Desde Timotes les toca un trayecto muy accidentado debido al deterioro de la carretera, propensa a deslizamientos, con grietas, con tramos de peligro y exponiéndose al daño de los vehículos que propicien accidentes. Con gran dificultad hacen el transbordo en dirección hacia a la Mesa de Esnujaque en Trujillo.

«Vamos con la voluntad de Dios y confiados de poder recuperar, parte de nuestras vidas, todo nuestro esfuerzo», dice Ramírez quien agrega que prácticamente en Timotes se han quedado incomunicados. Cita como entre los puntos más críticos hacia lo alto de Agua Blanca, cuya vía tiene comprometido un tramo de 600 a 800 metros. Son lugares poco accesibles, a los que los mismos productores o habitantes han tenido que trabajar con mano de obra, con varias horas dedicadas a tratar de despejar el área, empleando pico y pala para remover los sedimentos e incluso piedras inmensas o ramas de árboles derrumbados por la lluvia acompañada de fuerte brisa.
Es un episodio que se repitió desde Timotes hacia Valera, donde la maquinaria logró restituir el paso vehicular hacia la vía trasandina Quebrada de Cuevas, donde tenían cinco tramos colapsados y a riesgo de accidentes. Fue una zona de emergencia, donde se requirió un trabajo de envergadura, más allá de las cuadrillas improvisadas conformadas por los productores, como una medida para paliar las consecuencias de los daños y destrucción por las fuertes precipitaciones.



