DEPORTESMundial 2026

Francia y Argentina: el Mundial verá luz

Se decía que los comienzos del Mundial habían sido fríos, desangelados, sin las emociones que la gente esperaba. Que no había jugadores a los que seguir porque no había virtuosismo en cien kilómetros a la redonda. Vamos, qué fastidio. Está bien, aceptado. Pero esos argumentos de cierto desinterés van a terminar en la jornada de hoy, porque será este día, válganos, cuando Francia y Argentina, los finalistas de hace cuatro años en Catar, iluminarán el campeonato con su fútbol de luces, con su presencia, con su personalidad a toda prueba. Todo comenzará en idioma francés cuando Senegal, pura huella africana, enfrente a los galos. Y qué recuerdos. En el Mundial 2002, en Corea-Japón y con Francia hinchada porque venía de ser campeona, los senegaleses le aguaron el champán al vencerla en el debut. La historia quizá no se repita, pero mucha atención deberán poner “les bleues” ante tamaño adversario…

Argentina va a probar hasta dónde llega Argelia. Los africanos batieron en un partido de finezas a Países Bajos, pero el Mundial es otra cosa. No es posible saber si Lionel Messi, gran atracción del partido, será en la cancha el emblema inspirador de los argentinos o si, en todo su fútbol, en toda su dimensión, será un factor de importancia para su selección campeona de hace cuatro años. Han pasado los años y Messi no será el mismo, eso está claro; pero será un espectáculo, no solo él y su jugar, sino también mirar a los argelinos pendientes de sus maniobras. Será, pues, un partido que puede marcar caminos, y pondrá a la afición a pensar: ¿No será que el destino de franceses y gauchos estará marcado para mirarse a los rostros el 19 de julio, día de gran final?…

Pensar en España es pensar en un gran candidato. Su reputación, su categoría como equipo de alcurnia da para creer tal cosa como verdad absoluta. Pocos sabían, tal vez nadie, que había un Cabo Verde para salirse al paso, para atravesársele en las ganas y los gritos victoriosos a los hispanos. Con inteligencia, con precisión en las funciones, fue llevando el partido hasta en aquellas situaciones de angustia del final del juego. ¡Qué palo han dado los caboverdianos!, qué vergüenza para España no haber podido reventar la valla a un debutante desconocido, enigmático, pero convencido de que el fútbol, como la vida, también puede ser para los pequeños. Lección dura para la selección española, para sentarse en el camerino y meditar sobre el descalabro y el sufrimiento en todos aquellos que pensaban que el rival iba a ser otra versión de “Curazao”. Y no lo fue. Nunca lo fue.

Nos vemos por ahí.

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